Hoy en día, la salud ha pasado de ser un bien universal y accesible a lo que parece ser un mundo poco accesible para la mayoría. El afán de la sociedad a nivel mundial de ganar dinero sea como sea ha llevado a “intoxicar” de alguna manera el mundo de la medicina . Y es aquí donde aparecen las empresas farmacéuticas que, podrían definirse como las principales suministradoras de medicamentos y de la gran mayoría de cosas que para gran parte de la población son necesarias para la vida.
No obstante, del mismo modo que la existencia de estas empresas es negativa para la mayoría de la población al encarecer productos que deberían ser básicos, gracias a la financiación externa que poseen las farmacéuticas, pueden desarrollar de manera más efectiva sus medicamentos y fármacos en el menor tiempo posible dejando a un lado problemas tales como el desabastecimiento, la poca calidad de los productos sin esa financiación o los lentos tiempos de desarrollo.
Si esto lo extrapolamos a la situación actual que vivimos con la pandemia del COVID-19, nosotros, como ciudadanos consumidores de medicamentos, estamos asistiendo perplejos a la carrera que se están disputando las distintas farmacéuticas por lograr una vacuna efectiva y sin efectos adversos contra el virus. ¿Qué pasaría si no existiesen estas empresas en estos tiempos que vivimos? Probablemente estaríamos ante una situación en la que una hipotética vacuna tardaría en llegar a nuestras vidas el doble o triple de tiempo.
La relación entre el dinero y la medicina siempre será un tema polémico entre la sociedad y, en muchas ocasiones sea algo negativo para ésta. No obstante, no debemos menospreciar las ventajas que esta relación conlleva ya que aunque sean pocas, son imprescindibles hoy en día.





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